Declaración a Artemisa
A cada instante que pasa se nubla más el cielo, el viento sopla a mí alrededor silbando la dulce melodía que anuncia la llegada de la oscuridad total.
A falta de luz solar, se admira con más atención el resplandor de la luna blanca, la lámpara de la noche que adorna las tinieblas de un turbio firmamento que antecede una tormenta.
A falta de luz solar, se admira con más atención el resplandor de la luna blanca, la lámpara de la noche que adorna las tinieblas de un turbio firmamento que antecede una tormenta.
Como si la soledad no fuese suficiente causa de la depresión, el día se ausenta de mi lado. Extraño su calor justo cuando me envuelve la escalofriante brisa que raspa mi piel con su gélida túnica.
Luna, la perla de la noche, el faro que nunca se apaga, pero sí se asusta y se esconde con la aparición del sol. Tan grande es el pánico que le genera esa enorme e inextinguible llama que se esconde cual vampiro al notar que se aproxima; como un niño que temeroso del castigo, huye de su padre quien le reprenderá por su travesura.
Luna, no me abandones. Sólo tú, mi única compañía, mi fiel amiga, me consuelas en mi aflicción. Mientras te fortalezco con mi apoyo y afecto para que digas al gallardo Apolo que Artemisa no puede estar cerca de él, pero que desea fervientemente acompañarle e iluminar juntos los cielos.
Apolo no se da cuenta de que es muy rudo y tosco, y no toma en cuenta que te asusta, que te abruma. Lo envidio porque a diferencia de él que te genera admiración y te agobia tanto con su resplandor; cuyo excedente usas para liberarme de las tinieblas: Yo soy un aprovechado que me aprovecho del reflector de tu cariño y no soy capaz de encender ni una vela para que notes lo mucho que ansioso deseo que permanezcas a mi lado.
Hay noches que te ocultas detrás de las nubes, hay noches en que tus hijas pintan las constelaciones para adornar ese oscuro pizarrón allá arriba. ¿No te das cuenta de que sigo aquí esperando pacientemente a que percibas mi rostro, que escuches mi llanto, que te deleites con mi canto? Mi paciencia y mis sueños serán eternos, así como es imposible que se hagan realidad.
Pache


Buen comienzo Fran. ¡Un poema a la linda luna! y un aullido romántico de lobo solitario.
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